"El viejo dejó su desvencijado cuerpo para venir a habitarnos amorosamente, para seguir siendo él desde nosotros, nosotros desde él."
Mi apá vive en cada una de las chicanadas de Mauricio. En su pasmosa tranquilidad con la que trabaja. En su andar parsimonioso. Vive delante y detrás suyo. En el disfrute de su humor calmo y extravagante. Algunas veces emerge entre su risa y le escucho relatar de sí mismo, con gracia serena, las historias más improbables, pero ciertas.
También aparece en el Carlos cuando de temple o compromiso se trata. Se asoma para decir presente cuando hay que establecer, desde la cabeza del clan, una ruta, una decisión, un camino.
Lo he visto en las locuras de la Carla: En su impetuosa necedad por lograr lo que parece imposible. A ella le aflora el Cali interior: cuando hay que regañar a los chamacos, cuando hay que poner orden, cuando es necesario el manotazo en la mesa.
Conmigo José Luis, no es diferente. Se manifiesta en la incansable persecución de la tranquilidad y de la felicidad. En la necesidad imperiosa por darse y compartir con los más cercanos. De celebrar, cantar, reír y sobre todo comer.
Un día, el viejo dejó su desvencijado (y muy trabajado) cuerpo para venir a habitarnos amorosamente, para seguir siendo él desde nosotros, nosotros desde él.
Te amamos, querido padre.
El viajero de su propio camino
Nació en Teonadepa, Sonora
Después de recorrer varias ciudades del estado de Sonora, decidió establecerse en Sonoyta donde conoció a Consuelo Valdez con quien decidió formar una familia.
Se casaron rodeados de familiares y amigos cercanos. La ceremonia se llevó a cabo en Sonoyta, en la iglesia de la Sagrada Familia, donde ambos pronunciaron sus votos y formalizaron su unión.
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